En Oaxaca, comunidades indigenas avanzan la resistencia contra megaproyectos

“La lucha no es por un pedazo de tierra, es la lucha por la vida de los pueblos originarios, que tienen todo el derecho de decidir como quieren vivir”.

Por Renata Bessi y Santiago Navarro F para Avispa Midia

El pueblo Chinanteco habitante de la cuenca del Rio Cajonos, al norte del estado de Oaxaca, México, lleva a cabo un proceso organizativo en todo su territorio, la Chinantla, contra proyectos económicos que pretenden mercantilizar a la naturaleza en su conjunto. Son megaproyectos de minería, presas hidroeléctricas, carreteras, proyectos de conservación y, mas recientemente, de hidrocarburos. No por acaso la Chinantla es considerada de interés económico prioritario por el gobierno mexicano. Alberga la tercera mayor selva tropical de México, después de la Selva Lacandona, en Chiapas, y los Chimalapas, en Oaxaca. Es la mejor conservada y una de las mas ricas en biodiversidad.

“La Chinantla es una de las zonas prioritarias de explotación por su riqueza, por su diversidad. Esta dentro del plan estratégico mesoamericano que abarca todo lo que es Veracruz, la zona de Chinantla, Chiapas y Centroamérica, en el llamado Plan Mérida y Proyecto Mesoamérica. El objetivo del gobierno mexicano y de las empresas es hacer un corredor de explotación del agua, minerales, reserva de carbono, proyectos de generación de energía. Aquí están las plantas, las bacterias, los hongos que curan y eso también se quieren llevar”, explica la bióloga Patricia Mora, del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional Unidad Oaxaca del Instituto Politécnico Nacional  (CIIDIR Oaxaca).

Tanta diversidad está en manos de los chinantecos desde antes de la colonización de los españoles. Resistieron con su lengua y su cultura a los españoles y a la dominación Azteca y ahora se organizan contra la oleada de explotación de las multinacionales en su territorio. “En nuestra manos está la riqueza que las empresas necesitan, por lo cual nos quieren desaparecer”, sostiene Jacinto Flores, poblador de la región, integrante de la coordinación del Congreso Nacional Indígena (CNI) y de la coordinación de la Fuerza Indígena Chinanteca Kia Nan de la Cuenca Papaloapan.

A mediados del mes de abril, en la comunidad Santo Antonio las Palmas, en el municipio de Choapam, se creó un espacio donde las comunidades pueden platicar sobre las problemáticas vividas con los megaproyectos, además de organizar estrategias de lucha en conjunto. Es el Foro Contra el Despojo y la Represión, que tubo su primera versión entre los días 9 y 10 de abril, convocado por el CNI de la región del Papaloapan.

“Solos no podemos enfrentar este embate. Si nosotros los pueblos no nos unimos, si no nos hermanamos, nos quedaremos inmersos a la esclavitud o a la muerte. Si empiezan, por ejemplo, abrir los proyectos mineros y los pozos de fracking – México debe abrir 20 mil pozos de fracking -, vamos a llegar a la desaparición de los pueblos originarios. No hay otro camino más. Hay que organizarnos a nivel nacional, internacional, articular la lucha en nivel nacional e internacional. Globalizar la lucha”, sostiene Flores.

Las instituciones federales y estatales, entre ellas la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en el año 1997, iniciaron gestiones ante el Fondo Mundial del Medio Ambiente, para hacer estudios en la región de la Chinantla con respecto a sus recursos naturales. Flores sostiene que hicieron un inventario de las montañas, cuencas, yacimiento de agua, minerales, animales, plantas comestibles, plantas curativas, plantas de ornatos. “Y cuando terminó el estudio se creyó que era para el pueblo pero al final de cuentas estaban estudiando lo que era factible para el mercado mundial”. El objetivo se volvió claro para las comunidades años después con la llegada en el territorio de los primeros proyectos de comercialización del agua, el carbono y materiales genéticos.

Hay un proyecto del gobierno mexicano de conservar 260 mil hectáreas de montañas en la región, dice Flores. “Es un engaño la idea que intentan difundir de que la conservación es para el pueblo. El gobierno al conservar las montañas al mismo tiempo las mete a subastas, a ver quien paga más por ellas. Aquí tenemos 13 corredores turísticos chinantecos, ahí están las áreas de la conservación. A los campesinos nos convierten en delincuentes en nuestro propio territorio. No podemos entrar en la montaña, no podemos jalar agua, que es nuestra, sino vamos a cometer un delito. Si por necesidad vamos a cazar en la montaña, cometemos un delito”.

Al mismo tiempo en que se nos quita el derecho del pueblo de subsistir de la montaña por los proyectos de conservación, el gobierno concesiona tierras para la exploración de minerales por las multinacionales. En la comunidad de San Vicente Arroyo Jabalí, por ejemplo, van abrir una mina que contiene oro, plata, cobre y zinc. El 2008 llego la empresa con un documento preparado para que el pueblo firmara y se abriera la mina. “Ya tenían las actas listas, preparadas. El documento decía de 50 años de concesión. Cerca de 26,400 hectáreas de terreno abarca la mina. Hicimos resistencia y el pueblo de Jabalí levantó una acta en que no aceptan la apertura de esta mina. Quisieron colocar ahí la reserva, pero tampoco consiguieron, el pueblo de Jabalí sigue en resistencia”.

El agua, determinante para la vida y cada vez mas escasa en México, no falta en la Chinantla, una de las regiones del país con mayor precipitación fluvial. Pero también esta a la venta. “En la región de Zuzul, ejido Vega del Sol, en el municipio Santa María Jacatepec, la Pepsi-Cola compro un yacimiento de agua natural del pueblo. En el Naranjal, una cascada que es del pueblo se la compro la Coca-Cola. Y las cerveceras del grupo modelo se están adueñando de los ríos”, dijo Flores.

En la parte baja de la Chinantla se rentó parte de las tierras para una empresa canadiense asociada a la empresa Sabritas, explica Flores. “En la tierra, que es ejidal, están sembrando la malanga, un camote grande, para utilizarlo en los productos de las Sabritas. Sabemos que este es un pequeño paso, después de la renta de la tierra viene el despojo total del campesino”.

La explotación de hidrocarburos también esta proyectado por el gobierno federal para esta región, principalmente el fracking. “Algunas autoridades ya están firmando proyectos referentes a la explotación de hidrocarburos. Los pueblos no saben de que se trata todo eso, no están siendo informados. Las instituciones vienen y les hacen firmar contratos, llegan con promesas, con engaños”, dice Juan Roque Pérez, poblador de la Chinantla e integrante del CNI en la Cuenca Papaloapam.

Rio Cajonos, Regíon de la Chinantla. Foto Renata Bessi

Expropiación

El gobierno se deslinda de la responsabilidad del campo y se lo transfiere a las empresas. “Son ellas que empiezan a invertir en el campo. Todo es negocio para el gobierno”, dice Flores. La educación es uno de los puntos fundamentales donde se están metiendo. “Tenemos un ejemplo en Santiago Tatlepusco. Llegó una empresa a remodelar la escuela, supuestamente el gobierno iba a pagarles, pero resultó que no lo hizo. La empresa le cobro al pueblo el recurso que invirtió. Ahora el pueblo esta preocupado. El presidente municipal dice que no hay recursos. La empresa dice que va a expropiar la escuela”, cuenta Flores.

Que no se olvide

“Desde que llegaron los primeros habitantes en estas tierras, eso hace miles de años, lo primero que hicieron fue tratar de entender estas nuevas tierras, la naturaleza, y comunicarse con ella. Por ejemplo, domesticaron el maíz. El maíz nació en estas tierras. Lograron transformar una simple hierva en algo que podemos comer. Y resultó que los invasores, a partir de la conquista de México, vinieron y nos desplazaron y se llevaron lo mejor de este momento, que eran los valles donde se cultivaba el maíz. Desplazaron a la gente originaria de las montañas, como las que hay en la Chinantla, en Puebla, en Veracruz. Este era un entorno diferente todavía mas duro y difícil, con climas mas inhóspitos, aun ahí sembraron maíz. Ahora vivimos un enfrentamiento, una especie de guerra, la guerra de la vida contra la muerte. Estas empresas multinacionales ven las plantas, el aire, el agua, el subsuelo como mercancía. La lucha no es por un pedazo de tierra, es la lucha por la vida de los pueblos originarios, que tienen todo el derecho de decidir como quieren vivir. Cuando se toma la naturaleza como mercancía no se aprecia, no se valora, se maltrata, se destruye”, dijo la bióloga Patricia Mora.

Intimidación por el temor

“El gobierno y las empresas, para aplacar nuestra lucha y nuestra vida como comunidad, quiere intimidarnos. Son 200 mil muertos en los últimos años por la guerra, 32 mil desaparecidos, en los años de los gobiernos de PAN, PRI y PRD, 237 mil desplazados de las comunidades, según cifras oficiales. Intimidar a la población para infundir el temor, paralizarnos. Quieren impedir procesos organizativos, quieren romper convicciones de nosotros. Quieren quitarnos la idea de que podemos ganar, quitarnos la idea de que somos mas fuertes unidos, en colectivo. Quieren romper nuestro proceso de unidad. Quieren controlarnos como si fuéramos un enemigo interno. Los de arriba consideran que todas las personas opuestas al sistema somos enemigos. Ellos quieren hacerse sentir que todas las personas que luchan son enemigos. Dicen que somos delincuentes, que somos subversivos. Y justifican la represión. Quieren transformar la población con sus colaboradores, orejas, sicarios”, dijo un integrante de la revista El Zenzontle de la Casa de los Pueblos México.

Foto: Santiago Navarro F

Sujetos de nuestra lucha

Erica Sebastián, una de las ponentes del foro e hija del preso político Álvaro Sebastián Ramírez, indígena zapoteco de la región Loxicha, de la Sierra Sur, subrayo que los presos políticos son consecuencia de la lucha contra el despojo que los indígenas viven en México. “Cuando nos organizamos como pueblos, defendemos nuestra tierra, nuestra autonomía, nuestras luchas lo que somos como indígenas y, lo que hacen es reprimirnos, meternos en la cárcel, desaparecernos, asesinarnos”, dice Erica.

En el caso de los Loxicha, precisamente por un trabajo de organización política que se tenía en el pueblo, diversos pobladores fueron reprimidos. “En 1996 hubo más de 150 presos indígenas y a raíz de eso nosotras, mujeres, nos organizamos para defender a nuestros padres, a nuestros esposos, nuestros abuelos, nuestros hermanos. La mayoría de los encarcelados fueron hombres y a nosotras mujeres nos tocó organizarnos para exigir la libertad”, explica ella.

Se logró la libertad de casi todos ellos y actualmente, después de 20 años, quedan tres presos, entre ellos Álvaro Sebastián Ramírez. “Lo que hemos aprendido es que nosotros tenemos que ser sujetos de nuestra propia lucha. Lo que nos paso en algún momento es que algunas personas quisieron dirigirnos. Y lo único que hicieron fue lucrar y tener a los presos ahí porque a ellos les convenía. Lo que hemos aprendido es que no se requiere de dirigentes. Nosotros que hemos padecido del problema tenemos que tomar la lucha en nuestras manos y dar rumbo a ella”, comparte Erica.

Lucha de todos los pueblos

“El CNI es una casa grande donde nos reunimos todos los pueblos originarios los pueblos indígenas, donde compartimos nuestros dolores que cada uno de los pueblos enfrentamos. Desapariciones, secuestros asesinatos, encarcelamientos. En esta casa creemos encontrar la forma de articular la lucha contra los megaproyectos que vienen, enfrentar las grandes empresas, la guerra de exterminio que el gobierno mexicano ha declarado contra los pueblos indígenas. El gobierno dice que declaró una guerra contra los narcotraficantes y nosotros decimos que no. Es contra del pueblo. Porque quien están desapareciendo, violando son personas del pueblo, mujeres, niños, jóvenes”, según Jacinto Flores.

Paso firme

“Somos lo que somos, caminamos lentos cuando llevamos prisa. Acortamos los pasos o alargamos de acuerdo a nuestro andar. Porque este es el caminar del pueblo lo que llevamos. No nos adelantamos en nada, simplemente es el tiempo de los pueblos. Es el tiempo de escucharnos, de platicarnos, de conocernos, de hermanarnos, de unificarnos, de reencontrarnos con lo somos, porque es el tiempo de sembrar la semilla de la unidad, de la organización para la protección de la madre tierra y del territorio. El territorio que es el lugar donde nacimos. Donde dimos nuestros primeros pasos. Donde jugamos, donde aprendimos a llorar y a reír. Donde sembramos a nuestros muertos. Como dijeron nuestros abuelos, este es el lugar donde enterramos nuestros ombligos, donde caímos y nos levantamos para seguir adelante. Es la madre tierra, es el territorio que esta en riesgo, es la vida misma, la que esta en peligro por los megaproyectos mineros, carreteras, presas, explotación de hidrocarburos, reservas de la biosfera. Son estos proyectos que amenazan a la vida de los pueblos en la región cuenca de Papaloapan. Algo hay que hacer y es por ello que estamos acá reunimos, para sembrar esta semilla de la unidad por la protección de la madre tierra y del territorio, por la vida, para la vida. La semilla de la dignidad y de la justicia tenemos que sembrar entre todos nosotros”, Juan Roque Pérez, integrante CNI en la Cuenca de Papaloapan.

Continuación

En esta primera edición del Foro se reunieron 156 asistentes, 46 autoridades de 24 comunidades hablantes de las lenguas chinanteco del valle, chinanteco de ojitlan, zapoteco, mazateco, mixteco, nahua, náhuatl, tzeltal, mixe y binizza de la sierra sur.

El Foro decidió como fecha indicativa para el segundo encuentro el día 20 de mayo, en la comunidad de San Vicente Arroyo Jabalí que se localiza en el Municipio Santiago Jocotepec en el Estado de Oaxaca, donde los participantes deben presentar el resultado de la consulta realizada en sus comunidades referente a las propuestas de acción para la lucha, sugeridas y debatidas en el primer Foro.

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