Trump: el nuevo rostro del fascismo neoliberal

Desde antes de la elección, un sinfín de análisis se han centrado en demostrar cómo Trump es producto de la frustración de la clase blanca trabajadora del país, no tan educada y empobrecida por las crisis económicas y el desempleo. El problema es que esas teorías quedan cortas: todo está mucho peor.

Por: el pinche simón y niñx salvaje

El 16 de Noviembre del 2016

El día 8 de noviembre del 2016, el racista, misógino, clasista, homofóbico –y más– Donald Trump se convirtió en el nuevo presidente electo de Estados Unidos.

Desde antes de la elección, un sinfín de análisis se han centrado en demostrar cómo Trump es producto de la frustración de la clase blanca trabajadora del país, no tan educada y empobrecida por las crisis económicas y el desempleo. El problema es que esas teorías quedan cortas: todo está mucho peor.

Primero, al observar con más atención las estadísticas producidas después de la elección, es evidente que lejos de ser la exclusiva de lxs blancxs pobres «no educadxs», el voto a favor de Trump ha sido de la gente blanca en general: hombres y mujeres, «educadxs» o no, pobres o no. Siempre se ha mantenido una corriente de supremacía blanca viva y activa en la historia de los Estados Unidos. Quizás el partido demócrata logró ocultar parte del racismo estadounidense con los ocho años de Obama, pero con Trump ya no hay forma de ocultar nada.

De hecho, el grupo social que más ha apoyado a Trump no es el de los blancos de bajos ingresos sino los que tienen un ingreso anual de entre 50 y 99 mil dólares al año. Dicho esto, no hay que olvidar que de todas formas, en casi todos los estados, la población blanca votó en su mayoría por el asqueroso republicano, cualquiera que sea su nivel de ingreso. Así, según cifras del diario inglés The Guardian, las y los votantes blancxs, que representaban el 69% del electorado, apoyaron a Trump con 58% de sus votos, mientras sólo le dieron a Clinton el 37%.

Sin embargo, reducir el apoyo recibido por Trump al de sus electores, no permite tener una vista completa. La realidad es mucho más espantosa: no se trata nada más de personas sino que el sistema y sus instituciones también se conforman con ese candidato. Así lo dijo el Washington Post: «Si votaste por Trump porque estás en contra del orden establecido, adivina qué: te estafaron».

Estas imágenes que ilustran el efecto inmediato de la elección de Trump en las industrias penitenciarias, militares, farmacéuticas y financieras son una prueba clara de ello.

Cuando el valor de las acciones del mercado de la industria penitenciaria privada aumenta sustancialmente, es lógico que los inversionistas están empezando a especular que más gente va a ser encarcelada. Cuando el valor de las acciones del mercado de la industria de las armas aumenta sustancialmente, es lógico que los inversionistas están especulando que habrá más guerra, y por lo tanto es lógico que aumentará la venta de armas. Cuando el valor de las acciones de la industria farmacéutica aumenta sustancialmente, podemos deducir que estas transnacionales esperan controlar la producción de medicamentos con fines de lucro. Cuando el valor de las acciones de la industria minera aumenta, podemos deducir que el extractivismo –por lo tanto el despojo y el saqueo– aumentará. Finalmente, cuando el valor de las acciones del mercado de instituciones financieras alcanza niveles récord para el mes, podemos interpretar lógicamente que eso significa que el negocio de los bancos va muy bien, y que Trump es bueno para los negocios.

Ojo, todo eso no debe de minimizar las prácticas que caracterizaron y siguen caracterizando la administración de Obama. Por ejemplo, si bien con Trump esperamos un aumento en el número de encarcelamientos, los niveles de criminalización y encarcelamiento ya son ridículamente altos en el país, en particular de la gente de color.

A fin de cuentas, lo que nos recuerda esa elección es que no importa cuál partido o cuál presidente esté en el poder, las instituciones están para garantizar el mantenimiento del orden establecido, mientras los mercados están controlados por unos cuantos. Las cárceles, las policías, las armas, los ejércitos, los tribunales pero también los hospitales, las escuelas o los medios de comunicación son los que se encargan de ordenar a los diferentes sectores de la población y de garantizar que todos se queden en su lugar. Aseguran privilegios y beneficios para la población blanca –a los hombres blancos en específico pero también a las mujeres– mientras imponen barreras al resto de la población: comunidades negras, latinas, asiáticas, indígenas, musulmanas, inmigrantes… tanto adentro del país como alrededor del planeta. Esto es el racismo estructural basado en la supremacía blanca.

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Al mismo tiempo, los verdaderos ganadores de todo esto siguen siendo una élite, la cual acumula billones y billones de dólares a costa de la vida de miles de millones de personas, sin que nunca se les atribuya la responsabilidad real de la pobreza, de las crisis, de la destrucción del planeta, de las guerras. Más fácil echarle la culpa a la gente de color, a las y los migrantes, al otro, a la otra.

El neoliberalismo siempre ha sido racista, fascista, pero también clasista, misógino, hetero-patriarcal, capitalista, imperialista. Con Trump, la única diferencia es un racismo y un sexismo más descarado y legitimizado, con efectos graves contra las mujeres, la gente de color y aún más en contra de las mujeres de color.

De hecho, las primeras consecuencias de su victoria ya se están observando: decenas de ataques e insultos a negrxs, latinxs o musulmanxs han sido denunciados desde el primer día después de la elección. Por otro lado, el terrorífico e histórico Ku Klux Klan1 ya anunció un desfile para el próximo 3 de diciembre en Carolina del Norte, para celebrar el triunfo del republicano fascista.

Afortunadamente, manifestaciones en contra de Trump se están realizando en todo el país. El miércoles 9, miles de personas salieron a protestar en ciudades como Chicago, Illinois; Santa Cruz, California; Oakland, California; Boulder, Colorado; Seattle, Washington; Washington D.C; Austin, Texas; Portland, Oregon y Los Angeles, California. En su página, ABC news también reportó protestas en Dallas, Texas ; Richmond, Virginia ; Philadelphia, Pennsylvania y Boston, Massachusetts ese mismo día.

Al día siguiente, el jueves 1o de noviembre, vimos movilizaciones en San Francisco, California; Phoenix, Arizona; Philadelphia, Pennsylvania; Los Angeles, California; Madison, Wisconsin… y muchas más. En Chicago ese día, decenas de personas inmigrantes encarceladas en el centro de detención metropolitano se juntaron a la protesta prendiendo luces desde sus celdas.

Desde la fecha, las protestas han seguido en muchos lugares, como en Oakland, California donde estudiantes de intermedia protestaron en su escuela o en Los Angeles, California, donde una mega-marcha tuvo lugar el sábado 13 de noviembre.

Si bien no se puede esperar que vaya a salir LA gran solución de esas protestas, es un inicio en el que gente de todas nacionalidades, razas, religiones y colores se pueden encontrar y empezar a definir, organizar y construir su lucha en contra de este enemigo común.

Ninguna reforma, ningún partido político podrá desafiar la omnipresencia de la supremacía blanca neoliberal. El momento exige un cambio desde la raíz: tanto de instituciones como de la misma sociedad. Ya no queda ningún lugar para una solidaridad tibia, temporal, convenenciera. Ya no queda ningún lugar para reformas tibias que le limpien la cara a esa democracia imperialista y genocida. Es el momento de luchar con hechos reales, por el respeto, la construcción y el fortalecimiento de la libre-determinación de todas y todos, de la autodefensa y la autonomía comunitaria o colectiva.

Algunas referencias:

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